La propiedad se encuentra ubicada a 180 kilómetros al sur de Santa Cruz de la Sierra. Se accede desde la ciudad de Santa Cruz de la Sierra hasta Pailón, para luego tomar el antiguo camino del gasoducto y recorrer aproximadamente 90 kilómetros hasta llegar al campo.
Se encuentra en una zona ganadera consolidada y en constante crecimiento, con buenas perspectivas para el desarrollo de actividades pecuarias y agrícolas.
La propiedad cuenta con infraestructura básica y funcional para el desarrollo de la actividad ganadera, incluyendo:
Actualmente, la propiedad cuenta con aproximadamente 670 hectáreas desarrolladas, distribuidas de la siguiente manera:
Los suelos presentan una textura predominantemente arcillosa-limosa, con buenos niveles de fósforo, nitrógeno y materia orgánica, características que favorecen el desarrollo de pasturas y cultivos agrícolas.
Las condiciones del suelo permiten la implantación de diferentes especies forrajeras destinadas a la alimentación del ganado, así como el desarrollo de cultivos agrícolas de verano, entre ellos sorgo, maíz y soja.
Se encuentra en una zona de reconocida tradición ganadera, con condiciones favorables para sistemas de engorde y terminación de ganado a pasto.
La propiedad presenta potencial para incrementar su superficie productiva mediante el desarrollo de áreas destinadas tanto a la ganadería como a la agricultura, permitiendo complementar la producción de carne con la generación de forraje y granos para alimentación animal.
El campo tiene capacidad para manejar altas cargas ganaderas durante la época de verano, siempre que se implemente un adecuado manejo de las pasturas, disponibilidad de agua y planificación de la carga animal.
Bajo un manejo productivo eficiente, se estima un potencial de ingresos brutos del orden de US$ 500 por hectárea al año, dependiendo del sistema de producción, la carga animal, los niveles de productividad y las condiciones de mercado.
La zona registra una precipitación promedio cercana a los 900 mm anuales, concentrada principalmente entre los meses de noviembre y mayo, lo que determina una marcada estacionalidad en la disponibilidad de agua y en el crecimiento de las pasturas.